Los Siete Locos: La Casa Germen de la Revolucion

Al analizar este film hay que hacer una importante diferenciación con respecto a los demás y es que no se trata de un film basado en novelas de Beatriz Guido, sino en la novela “Los Siete Locos” de Roberto Arlt. Esto es relevante en la medida en que el universo planteado en este film no es el mismo que circula en el resto. A este autor hay que reconocerlo, entre otras obras, por su novela “El Jugete Rabioso”, considerada literatura de bajo nivel durante muchos años, donde había un conflicto parecido: la imposibilidad del individuo de adaptarse a la sociedad y la necesidad de escapar a esta situación por medio de la creatividad. En este caso la marginalidad lleva a una psicosis en la que los personajes están convencidos de poder modificar el futuro del país dados sus propios intereses. He querido elegir este film, dado el fino trabajo a nivel formal y argumental que despliega en relación a la manipulación de la realidad que los sujetos ejercen para acceder al poder, o sea, para concretar sus deseos más profundos, los de modificar o hasta aniquilar a la sociedad. Aquí los personajes no tienen qué perder y están dispuestos a todo. Una pregunta que podría hacerse es hasta qué punto hay una casa-trampa en este film. Tal vez no sea la casa como espacio, sino las relaciones entre los individuos los que ejercen aquella ‘trampa’ que intentamos arribar con el presente análisis, porque pese a los planes que se hacen y los crímenes, todo esto también está destinado a olvidarse y a quedar enterrado, como si nunca hubiera sucedido.

Ubicamos la primera secuencia escogida en la que Losain (Alfredo Alcón) llega a la Casa en las afueras de Buenos Aires y observa (en un plano medio) desde la reja, la misma que permanece con luces encendidas en la oscuridad del jardín. Procedemos a un travelling del sirviente hacia atrás (que actualiza el fuera de campo off en campo in) para luego pasar a un contrapicado de Losain observando la cerradura y luego un plano detalle de la apertura de la puerta, donde se destaca la cadena con la cual se cierra el portón. En el interior, encontramos una escenografía barroca cargada de cuadros e imágenes, donde los personajes permanecen reunidos en ronda. Procedemos a un travelling circular que recorre el rostro de cada personaje. Es interesante que dada la disposición del encuadre, se vuelve a romper la posibilidad de una sutura, generada por saltos a la lógica del raccord, rupturas en la altura de cámara y la escala de planos. La cámara actúa independientemente de los personajes, esto se ve cuando el jefe se para y la misma se anticipa, mostrando el mapa de Estados Unidos al que luego hará referencia el personaje. Pareciera tener algo de testimonial esta cámara que oscila en el espacio, una cámara en mano que altera repentinamente su altura y angulación, creando un increscendo del devenir dramático que luego va a recaer en lo oculto tras la manta: el modelo de la Plaza de Mayo. Este es el momento en que se revela el plan a seguir y se prosigue a la utilización de primeros planos para identificar a los protagonistas de la conspiración.

A nivel actuación, volvemos a encontrarnos con algo que analizamos en el resto de los films: la modificación de la posición del personaje dentro del espacio y el encuadre como una situación de poder en relación al resto (poder en tanto información que porta el personaje que deambula). El Jefe toma el rol de liderazgo a partir de una explicación de su plan, partiendo del mapa para luego la revelación. A partir de la revelación, el tono del jefe se modifica y su rostro pareciera apuntar, acompañado de travelling y encuadre de perfil, a cada personaje. Están casi todos sentados y fijos, y quien deambula por el espacio es el jefe, como general en el Ejército que recuenta sus reclutas. La escena se cierra con una puntuación sonora musical y con el zoom a la maqueta de la Plaza de Mayo.

Ubicamos la segunda secuencia escogida en el clímax de la película. Primero tenemos al jefe de la banda y la mujer del farmacéutico en la sala donde se observa claramente una fuente que ilumina desde derecha de cuadro y apenas un leve contraluz. Los personajes salen por derecha y la cámara gira para descubrir a un personaje que estaba en el espacio sin ser visto (se actualiza el fuera de campo off que pasa a ser campo in), en una angulación contrapicada. Luego tenemos un plano picado de los dos prisioneros en el sótano, los personajes están nuevamente fragmentados (Plano medio o Primer Plano). Después pasamos a la escena del incendio en la que el jefe prende fuego la guarida. La casa arde desde afuera en plano general y pasamos a un primer plano del Losain y un detalle del plano que lleva, para que luego se dibuje en su rostro la llamarada de la casa, simbolizando la anulación y desintegración de su plan para salir de su estado marginal.

La trampa ha sido descubierta, la casa que ocultaba el plan de la revolución arde en llamas, jamás el plan destructor vera la luz y los conspiradores huyen hacia todos lados hasta que sea el momento de retornar.