La Mano en la Trampa: los pasadizos secretos

Este film es uno de los que más ejemplica el modelo casa-trampa, ya que es más visible que lo oculto está dentro de la casa, dado el argumento. La escena escogida para analizar es aquella en la que Laura descubre que no hay ningún hijo bobo en la casa de sus tías. Nuevamente aquí tenemos la predominancia de ambientes oscuros donde los sujetos se hallan semi iluminados, a partir de contraluces o luces que solo recortan la figura y entierran el fondo.

La casa está construida por el ruido de las máquinas de coser en off, y un espacio nuevamente en penumbra que se vuelve volumétrico gracias a los destellos en las columnas y en el fondo. Predomina el trabajo con los primeros planos de la pareja de jóvenes, que además ayuda a fragmentar esa casa que no termina de entenderse y que parece estar formada por 2 modos de ascenso, la escalera y el compartimiento oculto. Los personajes se meten por debajo de la escalera, donde nuevamente se hallan iluminados por un haz de luz que les ilumina la boca, que luego se transforma en la linterna. En ese espacio poco claro, Laura se mete en un compartimiento que el joven sube a través de una manguera. La Casa trampa está construida a través de aquellos huecos ocultos en la misma, sus pasadizos, que conectan hacia otro lugar. Es así como Laura llega a la habitación del “opa” que se halla en penumbras y encuentra finalmente a su tía. El cuarto tampoco es presentado de manera orgánica, sino que se lo fragmenta con angulaciones picadas (plano del gato) y contrapicadas (lámpara de techo), o planos generales donde la oscuridad impide hacer una lectura absolutamente clara del espacio.

El ruido de la lámpara anticipa el golpe musical, otra vez de una música disonante, en el momento en que se ve a la tía en la cama. Es interesante aquí cómo el trabajo de planos vuelve a recurrir a la fragmentación del cuerpo a través de un trávelling que se detiene en el cuerpo y las manos que parecen posarse como un cadáver detrás del “velo” de la cama. Nunca hay referencia de Laura mirando a su tía, solo por montaje se construye esta situación, pero no sabemos exactamente en qué lugar y a qué distancia están una de la otra. Esto significa que otra vez se ha negado al espectador una construcción “transparente” del espacio, para poner el énfasis en el punto de giro dramático: el descubrimiento de un cuerpo ausente.

Desde la actuación hay un conflicto constante en la pareja, donde la relación sexual negada pasa a ser un “pacto” entre ambos, y se vanaliza el deseo del hombre frente a la mujer. Esto se ve claramente en un tono muscular lento, en el caso de Laura, que pareciera contrastar con el ansia del hombre. Hay un juego de miradas como antes en “La Casa del Ángel” que expresa nuevamente una situación de dominación, en este caso de 2 partes que negocian para obtener lo que quieren y actuan friamente sin posibilidad de sentir deseo alguno. Mientras Laura gira alrededor del hombre, la cámara la sigue y fragmenta constantemente su rostro (que pasa de ser el foco de luz a tener un tenue contraluz que dibuja una línea en el perfil). Al bajar del cuarto, Laura está imposibilitada de sentir: “[…tengo tanto que hacer con esta casa…hay que terminar con los fantasmas Miguel…]”. La ingenua ha crecido y necesita resolver el conflicto de lo que ha visto, hay una necesidad de encontrar aquella mujer que parecía haber desaparecido, terminar con los fantasmas. La escena termina con la linterna que recorre la sala y encuentra la imagen de la tía (María Rosa Gallo), esta figura hasta ahora meramente mencionada cobra un valor significativo.

Es interesante entonces como el trabajo de los pasadizos desde el arte y la fragmentación y penumbra desde la puesta, se articulan nuevamente en una negación al espectador de verlo todo, y en la construcción de dos caminos posibles: aquello que el espectador viene viendo, tiene un costado oculto que acaba de ser revelado. El film rodea esta cuestión de los fantasmas que parecen nunca aparecer, que vagan eternamente, como las mentiras. Tanto este film como “La Casa del Ángel” y “Piedra Libre” están hablando de un devenir continuo de enigmas que jamás llegan a resolverse, básicamente porque cada mentira oculta otra, y todas juntas tienen un lugar físico en el cual están materializadas que es la Casa.