En el contexto de la Revolución Libertadora y el cierre de gran cantidad de estudios del cine Argentino, hacia fines de los año 50 y principios de los ’60 se evidencia un Nuevo Proceso Cinematográfico Modernizador, donde van a surgir productoras independientes que van a competir con el cine industrial. Este nuevo cine independiente va a adoptar otras formas de producción y financiación que van a tomar referencias externas como la Nouvelle Vague, el Free Cinema Inglés o hasta el Cinema Novo brasileño.
Como precursor del desarrollo de la Generación del ’60, la obra de Leopoldo Torre Nilsson constituye una etapa importante en la evolución del cine argentino, ya que va a ser el primero en plantear un lenguaje propio que se desvía del Modelo de Representación Institucional, en términos de Burch. Es la figura que lleva el cine argentino al exterior, con especial repercusión en la crítica europea.
Su carrera cinematográfica nace en su familia (su padre Leopoldo Torres Ríos) y en los cineclubes (su cultura autodidacta), a partir de las cuales Torre Nilsson construirá un cine de autor que, aplaudido por la crítica, fundará su temática en la decadencia (moral) de la oligarquía vacuna, el peso muerto del pasado y el trauma de las primeras relaciones sexuales.
Teniendo en cuenta las limitaciones que imponían estudios como Argentina Sono Film, Nilsson experimenta con Producciones Ángel, coproducciones con España, Estados Unidos, o con ciertos productores extranjeros, y con la organización de empresas para las que realizaba films específicos y era su propio productor. Hacia el final de su carrera filmaría comerciales de buena calidad debido a su situación económica. Una constante en el cine de Nilsson son los censores de turno que lo persiguen como cuentista, y luego como director de cine y de teatro.
"Mi padre había decidido en un modo terminante, que mi carrera tenía que ser la cinematografía; y yo lo acepté, pensando que iba a ser una técnica, de pronto descubrí que el cine podría llegar a ser vehículo para mi imaginación”-Torre Nilsson.
Habiéndose criado entre sajones y arrabaleros, Nilsson se halla atravesado de dualidades: la posibilidad de expresarse con el cine y el deseo de hacerlo con la escritura de poemas; su bautismo católico siendo protestante. Beatriz Guido y su literatura le aportan los elementos para asociar su pasión literaria a la herramienta de expresión que encuentra, el cine.
Ya en su primer cortometraje “El Muro” (1947) se demuestra la necesidad de Nilsson de romper con el cine comercial, el cual podría haberle asegurado un provechoso camino, para expresar un universo propio autoral, caracterizando a ciertos sectores sociales. Se asocia al cine de vanguardia europeo dotado de complicaciones técnicas y audacias formales.
Durante la década del ’50 Torre Nilsson pintará la decadencia de la oligarquía en su filmografía, caracterizada por la crisis de valores y falta de respetabilidad. Su primer film, “El Hijo del Crack” (1952), secuela de “Pelota de Trapo” (Leopoldo Torres Ríos), conforma la organización del relato que parte de un momento efímero, un partido de fútbol, que quedará suspendido durante el film para dar lugar al flashback como herramienta narrativa. En el cine de Nilsson el montaje es la base para construir el relato y resulta imposible borrar las huellas de enunciación.
Es con el éxito internacional de “Días de odio”, donde trabaja con Borges en adaptaciones de sus cuentos, que Torre Nilsson es contratado por Mentasti y comienza una seria carrera cinematográfica en Argentina Sono Film. La busqueda de relaciones entre relato oral, sumamente literario, y una acción reducida en gran parte a un personaje solo, es una experiencia que en 1953 sólo habían intentado Bresson y Astruc.
A partir de “La Tigra” Nilsson comienza a sufrir la censura argentina: la Dirección de Espectáculos Públicos resuelve calificar al film como de "Exhibición no obligatoria", y sólo obtiene una distribución limitada en algunos puntos del interior, con una publicidad conducida por Armando Bo hacia el presunto material erótico contenido en el film (la historia de una prostituta). Se estrenaría recién en 1964 con 10’ menos que la versión original. También se estrenó en TV con algunos cortes en el programa Sábados Circulares de Nicolás Mancera. Luego de estos sucesos, la Argentina Sono Film le impone la realización de films más convencionales (“Para vestir Santos).
"Graciela" (1954) marca el comienzo de una nueva etapa de la "ingenua" en el cine argentino. En los años ´30 y ´40, Delia Garcés, María Duval, Mirtha Legrand y otras, fueron el prototipo de las ingenuas puras y virginales que exigía el cine de aquella época. Con "Graciela", Elsa Daniel al frente, surge la ingenua más sugestiva, sensual, con cierto toque de perversión y erotismo, que se extenderá hasta principio de los ´60, en que la niña de formas apenas insinuadas pasa a convertirse en la mujer sexy y pasional, a través de Isabel Sarli y sus imitadoras.
Al casarse con Beatriz Guido, Torre Nilsson vivirá en un departamento heredado de su suegro, donde abundan varios objetos que pertenecen a una epoca dorada pasada. Muchos de estos elementos componen la escenografía barroca en “La Casa del Ángel” (1956) con la cual Nilsson desmitifica la burguesía, planteando sus propias contradicciones, con la que adquiere crítica internacional y la incorporación de su mujer a su cinematografía. Este film toca muchos de los temas que serán desarrollados en su trabajo posterior : la corrupción, la inocencia en la juventud y en la adolescencia, los efectos de la educación cerrada en la sociedad burguesa, y la permanente influencia de la iglesia. El film se encuentra dotado de cierto barroquismo formal, determinado por el drama psicológico de los personajes, la casa en que habitan y la madre represora que impone su gusto personal de vida en el hogar que habitan. Existe una atmósfera buscada en emplazamientos de cámara, en la luz de claustrofobia y de una suerte de tensión sexual.
La visión de autor de este film crea un nuevo lenguaje cinematográfico del cual beberá el "Nuevo cine argentino" de los ‘60, donde se empieza a asentar una crítica a la realidad argentina y se desarrolla gran ansiedad por expresarse en una forma distinta al cine tradicional. Sin proponerlo, Nilsson se convierte en el maestro de esa nueva generación de realizadores que se caracteriza por su acercamiento al lenguaje cinematográfico y la literatura de su época. Trata de imponer su propio criterio a Mentasti, rebelándose contra los productores argentinos, empeñados en hacer un cine lleno de inútiles explicaciones; un cine donde es imposible el estallido de cualquier talento libre.
Después de realizar "La Caida", último film que realiza para Argentina Sono Film, Nilsson decide producir "Fin de Fiesta". Una peli promedio costaba alrededor de $ 4.000.000 mientras que este film costó $ 7.000.000 ya que la Ley de Fomento parecía asegurar todos aquellos esfuerzos donde la calidad contase por encima de todo. Sin embargo el film tardó 6 meses en estrenarse, y el realizador tuvo que salir al cruce de su déficit. Organizó inmediatamente un film de probada repercusión popular: "Un Guapo del 900" (1961), y pudo escapar de su pozo, pero no del todo, sus ganancias fueron devoradas por los créditos usurarios a que debieron recurrir, ante las demoras de los créditos estatales.
La historia de sus films repite esta azarosa estrategia: la de decir lo que se quiere sin perder de vista las claves financieras. Hacia 1960, "Fin de Fiesta" significa una apertura de lo intimista a lo popular. Nilsson funda "Producciones Angel" para la cual no solo produce sino también otorga oportunidades a nuevos realizadores que formarán parte de la Generación del '60. El film es la toma de conciencia de un adolescente frente al mundo corrompido de los mayores donde el caudillo Braceras es el patrón que compra votos con dinero, asados, favores y que no vacila en llegar a los extremos de la corrupción para llegar al poder.
En el panorama del cine Argentino, esta reminiscencia de la realidad, con la repercusión social ocasionada, es una fuerte marca autoral que caracteriza a Nilsson por la desmitificación de las figuras, la quita de mascaras a ciertos personajes políticos de la Argentina de los '50-'60.
"La Mano en la Trampa" trae nuevamente la estética barroca que construye la sensación de la mujer que cae en el destino, en manos del hombre. Se produce una repetición en el destino de la mujer vieja que pasa a la joven, cuando ésta decide entregar su castidad al hombre que encerró a la mujer vieja, otra vez la muerte de la inocencia.
Nilsson realiza coproducciones con Francia, Brasil, Estados Unidos. En su segunda etapa filma "Martin Fierro" (1968) la cual alcanza categoría de superproducción de alcance internacional, que proporciona réditos abundantes e inmediatos en el mercado local, y se coloca sin dificultad en el extranjero. Las críticas porteñas dispararían en varias direcciones, teniendo en cuenta el agobio que provocaba la censura en la cinematografía argentina, sumado a la casi desaparición de ayuda estatal y la apertura comercial para la cinematografía extranjera.
Nilsson explica que tanto en las películas realizadas junto a Guido como en "Martin Fierro", bajo la corteza formal, su filmografía recorre la soledad del hombre y la incomunicación como una línea, subyacente a cualquier trama y estética. Este film es criticado por ser una mera ilustración de los libros de José Hernandez y Rojas, aunque Nilsson explica que cada uno lleva consigo su propia interpretación del texto y que su trabajo se trata, en el fondo, de la relación de Fierro con su entorno.
Nilsson se dedica a rescatar heroes que luchan por cambiar el mundo (San Martín, Guemes, Juana Azurduy), y nuevamente "El Santo de La Espada" será criticada por no tener una búsqueda que traspase la revista de escuela. No hay que olvidar el contexto de fuerte censura que sufría la cinematografía, sumado a la fuerte presión militar del Ejército en el poder.
A principios de la década del '70, Nilsson es ubicado entre los 10 mejores directores cinematográficos del mundo. Vendrían films como "La Mafia" y "Los Siete Locos", que siguen con la línea de la desmitificación de los fantasmas del presente. "Boquitas Pintadas" y "La Guerra del Cerdo" encierran un periodo de fuerte crítica social que el Cine Argentino habría de provocar con títulos como "La Patagonia Rebelde" (Hector Olivera) y "La Tregua" (Sergio Renán).
"Piedra Libre" (1975), su último film, se estrena a pocos días del Golpe Militar de 1976, tras el cual el Oficial de la Marina que funcionaba como interventor del INC le niega la cuota de pantalla, subsidio y otros beneficios económicos por su contenido inmoral y disolvente, sus ataques a al familia, la religión, la tradición y los valores del sistema. Tras esto, Nilsson se va a España donde moriría hacia 1978. Este film cierra cuestionamientos ya producidos antes en su obra, la casa-trampa que encierra a personajes que por no superar sus angustias infantiles no pueden reconocerse como identidades. La Casa oculta los cuerpos que han desaparecido.
Bibliografía:
España, Claudio; Manetti, Ricardo. “La Nación: Cien años de cine”
Marino, Alfredo. “La Mirada Crítica: El cine de Leopoldo Torre Nilsson”